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Nueva guía de haciendas ecuatorianas: ‘Una historia para tocar’

Cuando habla de Haciendas, Travels Through The History of Ecuador se le nota la emoción de Philipp Schauer, embajador de Alemania en Ecuador, durante una entrevista vía Zoom. Da la impresión que, desde su llegada a Ecuador en agosto de 2019, sus planes de escribir un libro sobre la arquitectura de Ecuador era un tema que no podía dejarlo pasar. Es algo que lo apasiona. Así lo dejó registrado en otras publicaciones en Bolivia y Mozambique, cuando prestó sus servicios en esos países.

Este poco tiempo en el país no ha sido problema para el diplomático, quien lleva 35 años de carrera, para haber hecho un recorrido por la Sierra y Costa de Ecuador, un periplo que le sirvió también para empaparse de su cultura y conocer algo de su historia.

En Latinoamérica también trabajó en Venezuela, de hecho fue su primer cargo hace 30 años durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez; estuvo 10 años en Bolivia. En África laboró en algunos países y regiones. En Europa trabajó en Albania e Inglaterra.

“Yo me intereso mucho por la arquitectura y me di cuenta de que las ciudades de Quito y Cuenca ya tienen muchos libros de buena calidad que hablan de sus atractivos, pero quizá no siempre son muy prácticos para cargarlos durante un tour. Pero respecto al campo no hay mucha información, tal vez porque no queda mucho de lo antiguo ni tampoco arquitectura moderna muy valiosa. Se han derrumbado casi todas las iglesias antiguas -lo que es muy triste- entonces lo que queda son las haciendas. Por eso me enfoqué en ellas, algo que al inicio fue un poco difícil porque no estuve seguro si valdría la pena al ser difíciles de encontrar y muchas veces no se pueden visitar y conocerlas por dentro. Tampoco existe una guía muy precisa, pero al final creo que tuve bastante éxito gracias a varias personas que me pusieron en contacto con los dueños, quienes a su vez me contaron que existían otras haciendas por aquí por allá”, dice.

La mecánica que utilizó Schauer fue simple: Google Earth. “Hay muchas haciendas y algunos dicen que son muy antiguas, pero al final, en ciertos casos, si uno visita los edificios no son así. Así que me contacté con esas personas y muy amablemente me recibieron -algo que es común en Ecuador-. Así logré ubicarlos y conseguir información”.

Para poder plasmar esta aventura, Philipp Schauer tuvo que dedicarle año y medio empezando en la segunda mitad de 2020. “Luego de unas vacaciones decidí hacer el libro visitando primero las haciendas más cercanas a Quito (ciudad donde vive y trabaja)”.

En Pichincha estuvo en los Chillos, Machachi, Mejía, Tumbaco, Mitad del Mundo, Cayambe, luego avanzó hacia las provincias de Imbabura, Carchi, Cotopaxi, Chimborazo, Azuay y Loja en la Sierra.

La guía de 152 páginas a todo color no cabe en un bolsillo, pero es de un tamaño ideal que la hace cómoda al transportarla. Las primeras páginas están dedicadas a las haciendas serranas y, desde la 122, empieza el recorrido por la Costa, donde visitó casas de Los Ríos, Guayas y Manabí. Casi al final, el autor ha impreso capturas de Google Earth facilitando la localización de cada hacienda.

Mientras se ojea la guía en inglés, el lector se da cuenta del aporte y la síntesis lograda por Schauer al ofrecer información histórica de los lugares, las personas que allí habitaron, sus dueños y las haciendas. También explica con datos precisos cómo llegar a cada sitio.

El libro está dedicado a Benita, su esposa, a quien en palabras del propio diplomático “tuvo mucha paciencia conmigo, por mi ausencias y por haberme dedicado menos tiempo a las ocupaciones familiares (ríe)”.

Su familia la conforman también sus tres hijos de 18, 16 y 14 años. El recorrido que hizo por la Costa y Sierra ecuatorianas para poder encontrar el motivo central de su libro lo hizo solo. “No es un hobby muy familiar”, dice Schauer. “Mis hijos no tienen ningún interés en haciendas y el de mi esposa es relativo. Lo que sí hicimos juntos fue cuando nos invitaron para pasar un sábado al mediodía, diría que nos invitaron en cuatro o seis ocasiones. La mayoría del recorrido los hice solito, pero si era un sábado o domingo lo hacía con mi esposa”.

Schauer, nacido en Estocolmo, explica el porqué de ese interés en la arquitectura. “Es difícil de explicar. Puede ser algo genético. He visitado muchos edificios y lo más interesante es poder entrar y verlo desde adentro. Mi abuelo hizo una guía de patrimonio en Alemania, a mis padres (diplomáticos alemanes) siempre les interesó los museos y personalmente me encanta visitar iglesias porque tienen la ventaja de poder conocerlas porque casi siempre están abiertas. En Bolivia, por ejemplo, me enfoque en iglesias y capillas. Ese país tiene una gran riqueza en ese sentido. También me gustan casas particulares, siempre y cuando tengan un valor estético e histórico”.

El diplomático logró recopilar 105 haciendas y para obtener esta cifra tuvo que visitar alrededor de 200. En un día estuvo hasta en ocho. ¿Qué es lo que más le llamó la atención? “Que son muy diferentes, no hay un tipo muy específico, algunas se levantan en paisajes muy lindos. Gracias a esta combinación paisaje-hacienda, para mí es la principal riqueza que tiene Ecuador, sus paisajes son impresionante, es lo más impactante. Otro aspecto que encontré fue que, en algún sentido, tienen la facilidad de acceso; uno pregunta si se puede echar una mirada y normalmente dicen ‘no hay problema’. Esa es la forma en que se pueden ver cosas que muchos no ven porque desde la carretera no es posible, hay que bajarse, entrar y recorrer, lo que se convierte en una bonita aventura”.

Philip, de 63 años, destaca la importancia que tiene el patrimonio arquitectónico de una nación. “Primero porque vuelve atractivo a un país, no solo turísticamente sino también para sus habitantes. Para mí los edificios antiguos son bonitos, tienen un valor estético. Segundo, porque representan la identidad histórica. Uno no puede entender a su país sin conocer su historia. Es mucho más impactante conocer la historia a través de los edificios y, en el caso de las haciendas, es emocionante enterarse cómo vivieron los hacendados, si tuvieron mucho dinero o no, si vivieron allí o no, si en ellas hubo acontecimientos y personas importantes. Los edificios son como una forma de acercarse a ellos. Hay leyendas de Manuelita Sáenz, por ejemplo, de que ella se encontró con Simón Bolívar en una hacienda cerca de Quito. Se puede contar la historia también a través de una casa. Para mí un edificio es como una historia para tocar”.

Schauer tiene planeado subir esta guía a internet, un proyecto que lo haría junto con su esposa. Lo ideal sería subir una hacienda por semana, dice. “Sería lindo. Ojalá pueda lograrlo, pues mi trabajo amerita atención también. Quisiera una versión en español. Otra idea que tengo es hacer algo con Guayaquil porque recientemente estuve allá y recorrí el centro, donde descubrí algunos edificios muy lindos. ¡Ah! Quiero felicitar a EL UNIVERSO por el suplemento del bicentenario, yo los coleccioné y en algunas páginas se habla de edificios patrimoniales de Guayaquil. También debo decir que de esa ciudad existe menos información de las edificaciones, no como sucede con las haciendas de la Sierra”.

La guía se la puede adquirir en librerías La Española, Mr. Books y Librimundi. “Estoy orgulloso de haber encontrado algunas haciendas de la Costa porque eso es mucho más difícil de encontrar que en la Sierra y en Google Earth no se ven. Para este tema tuve como referencia al señor Sebastián Yela que fue mi guía en Vinces y también revisé un libro de la Prefectura del Guayas sobre casas de hacienda, pero en esta última la mayoría eran casas nuevas o remodeladas, pero logré destacar tres antiguas en la guía”, finaliza Schauer.

Fuente: www.eluniverso.com

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