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Entre el adoctrinamiento sutil y el auge económico: así funciona el ‘turismo rojo’ en China

El 1 de julio de 1921 se fundó el Partido Comunista de China (PCCh). En su primer congreso, que se celebró entre el 23 de julio y el 2 de agosto de ese mismo año, la formación tenía un total de 57 miembros. En 2021, cien años después de su creación, el PCCh es una de las mayores organizaciones políticas del mundo, con casi 92 millones de miembros. Y para esos 92 millones de personas el conocimiento de la historia no tanto del país sino de la etapa comunista de China es casi una obligación. El ‘turismo rojo’ surgió hace algo más de 15 años con el propósito de fomentar las visitas a lugares con un significado claramente vinculado con el PCCh, con el objetivo de reavivar el perdido sentido de lucha de clases y los principios del proletariado, aunque también para ayudar en el desarrollo socioeconómico de determinadas áreas más deprimidas.

En febrero de este mismo año, Xi Jinping anunció una campaña precisamente para “educar” a los 92 millones de miembros del partido en su historia e ideología, aunque lo cierto es que es un trabajo que se ha realizado en el país desde 2004, cuando el Gobierno comenzó a patrocinar de manfera oficial este ‘turismo rojo’, incluido en la planificación oficial de turismo de China. Es un turismo destinado a los miembros y seguidores del PCCh, pero que también ha llamado la atención de múltiples turistas internacionales; sin embargo, ahora con un mercado internacional absolutamente mermado debido a la pandemia del coronavirus, son los nacionales los que han dado un mayor impulso a este ‘turismo rojo’. Tal y como explica a la cadena CNN la profesora de la Universidad Politécnica de Hong Kong Mimi Li, experta en política turística china, “el número de ‘turistas rojos’ superó los 100 millones en 2020 y contribuyó al 11% de los viajes nacionales”.

 

Casi cada semana se lanzan nuevas iniciativas, aprovechando el centenario de la fundación del PCCh. “La mayoría de los investigadores cateogorizan el ‘turismo rojo’ como parte del patrimonio nacional. Y de hecho para algunos de los denominados ‘sitios rojos’, este tipo de turismo es casi un ingreso garantizado”, señala Li. Los inicios de este tipo de turismo se centraron principalmente en la educación, actividad obligatoria para los funcionarios del Gobierno y los estudiantes, aunque con el tiempo este mercado ha cambiado considerablemente. “Cada vez vemos a más turistas que visitan estos sitios no porque se les pida que lo hagan, sino porque quieren“. Y, señala Li, estos turistas son cada vez más jóvenes.

placeholderGente comiendo en un restaurante bajo la imagen de Mao Tse-tung en la provincia china de Jiangxi (EFE)
Gente comiendo en un restaurante bajo la imagen de Mao Tse-tung en la provincia china de Jiangxi (EFE)

Según los datos de la plataforma de viajes Toncgheng-Elong, líder del mercado en la industria de viajes ‘online’ del gigante asiático, los turistas de entre 21 y 30 años representaron el 40% de las reservas y búsquedas relacionadas con este ‘turismo rojo’ durante las vacaciones de mayo, cuando se celebra a nivel mundial el Día del Trabajador. El hecho de que cada vez más jóvenes se interesen por este tipo de turismo viene derivado de la mejora en las instalaciones y en los servicios, pero también en el uso de la tecnología, lo que hace a estos destinos más atractivos para las generaciones jóvenes. No obstante, esto no lo es todo: según explica la guía turística Zhang a la cadena estadounidense, “los jóvenes de hoy en día están más orgullosos y se identifican más fuertemente con nuestro país. Quieren aprender cómo China pasó de ser un país pobre a lo que es hoy”.

Narración unilateral de la historia

Como ocurre con los acontecimientos históricos en general, la manipulación es una de las características de este ‘turismo rojo’. Porque al fin y al cabo, la historia la escriben los ganadores. Los críticos señalan que estos ‘sitios rojos’ resaltan la perseverancia de los líderes comunistas y sus triunfos, pero pasan por alto sus errores llegando incluso a tergiversar la realidad. “Al régimen chino le interesa promover el ‘turismo rojo’ con fines comerciales e ideológicos. Es un tema centran de la educación política, aunque cómo de eficaz sea es otra cuestión diferente”, señala el comentarista político hongkonés Simon Shen, fundador de Glocal Learning Offices. En este sentido, Li, por su parte, asegura que el uso de lugares históricos como medio para ‘educar’ a los ciudadanos no es una práctica exclusiva de China, aunque en otros lugares, como Estados Unidos, lo hacen de manera más implícita.

No coincide en esta teoría Zhang Yu, el secretario general del PEN International, centro chino con sede en Suecia, quien considera que el concepto de ‘turismo rojo’ en China es bastante más inteligente de lo que muchos creen. En una reciente entrevista con ‘Voice of America’, Zhang explicaba que el comunismo sabe que “pueden hacerte creer más en él a través de un adoctrinamiento sutil”. “Al principio se pensaba que no mucha gente creía en el Partido Comunista después de la Revolución Cultural, pero ahora la proporción de gente que cree en el PCCh es bastante alta, por eso con el ‘turismo rojo’ puede crecer más aún”, señalaba. Lo más efectivo, según el propio Zhang, es que “no todo lo que se cuenta es falso“. “Sus puntos turísticos son básicamente medias verdades. El propósito más importantes hacer que la gente crea que el país es lo que es gracias al Partido Comunista, y que sin él no sería nada”.

En el mismo sentido se explica el director del británico Instituto Internacional de Patrimonio Cultural Ironbridge, Mike Robinson, que tras una extensa investigación sobre el turismo patrimonial en China asegura que aunque hay ciertamente “complejidades y anomalías” en el sistema del ‘turismo rojo’, así como en cualquier tipo de turismo que esté tan directa y únicamente relacionado con una ideología, es “ingenuo y acrítico” descartar su éxito.

El éxito que tiene esta forma de turismo está, de manera indiscutible, en el aspecto económico: la promoción de algunas áreas financieramente deprimidas del país como ‘sitios rojos’ ha traído numerosos beneficios a las comunidades locales, como es el caso de Guang’an, en la provincia de Sichuan: fue el primero en recibir la más alta calificación turística del país, y tras las mejoras y renovaciones de la zona —un complejo turístico de poco más de tres kilómetros cuadrados con atracciones, un museo y una plaza dedicada a Deng Xiaoping, nacido en esta ciudad— creció tanto el turismo que supuso una considerable mejora para las empresas locales. En 2017, Guang’an fue uno de los primeros grupos de condados de Sichuan en salir de la pobreza absoluta, tal y como señala CNN, y dos años más tarde, la ciudad había acogido a más de tres millones de visitantes.

Fuente: elconfidencial.com

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