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La necesidad de brindar más opciones a los visitantes ha hecho que los miembros de la nacionalidad Tsáchila innoven y potencialicen la oferta turística en el interior de su territorio.

Una de las últimas novedades es la práctica de canopy, que consiste en atravesar de una polea suspendida por cables montados en una inclinación.
Esta atracción, muy practicada en varios puntos turísticos del país, se habilitó hace aproximadamente dos meses en las instalaciones del Centro Cultural Mushily, en la comuna Chigüilpe de Santo Domingo de los Tsáchilas. La actividad ha despertado el interés de la ciudadanía, que llega desde diferentes localidades para fusionar la adrenalina con la ancestralidad profesada por los ‘colorados’.

Los tsáchilas consideran que esta es una muestra de vinculación con la sociedad civil, pues el canopy es nuevo para los integrantes de la etnia. “Antes nuestros deportes eran la caza y la pesca como medida de subsistencia. También saltábamos y brincábamos, pero nunca realizamos algo tan extremo”, manifiesta Emilio Calazacón, miembro de la comunidad mejor conocido como ‘Samayá’, que significa ‘hombre de energía y poder’.

Él afirma que es importante fusionar sus creencias con las costumbres de los mestizos. De esta manera, los visitantes se sentirán más familiarizados, ya que conocerán las tradiciones de esta nacionalidad y, a la vez, tendrán la opción de vincularse a la adrenalina deportiva.

Fusión 
Destacar las tradiciones tsáchilas es uno de los principales objetivos de la propuesta de Mushily, motivo por el que los turistas siempre son recibidos al son de la marimba y con bailes tradicionales de la etnia. En estas actividades los visitantes pueden tomar protagonismo, pues muchos optan por bailar y entonar los diferentes instrumentos de bambú y pambil.

La acción y adrenalina se juntan cuando las personas llegan hasta el área de equipamiento, donde se colocan el arnés, casco, guantes y demás elementos de seguridad para cruzar un abismo de 170 metros de longitud, aproximadamente.

Jorge Arcos, encargado de instalar el canopy, tiene más de 13 años de experiencia en este deporte y asegura que es “100% seguro”. Además, explica que “los arneses son nuevos y certificados. El canopy está compuesto por dos cables de acero -cada uno aguanta cuatro toneladas-, dos poleas y dos frenos, uno automático y el otro es manual”.

Calazacón explica que, después del canopy, las personas retornan por un sendero ecológico, donde disfrutan de la vegetación y la fauna que pertenece al territorio tsáchila. “Es algo bonito porque mezcla el deporte con la naturaleza. En la caminata los turistas tienen la suerte de observar patos salvajes, iguanas, garzas y a veces guatusas”, dice.

A futuro, los tsáchilas planifican la ejecución de trabajos para descontaminar y recuperar el afluente que pasa por la comuna Chigüilpe. Tienen en mente la construcción de botes para que los turistas tengan más opciones de diversión: “primero harían el canopy, después un paseo en el río y, finalmente, la caminata ecológica”, dice Calazacón.

 

Fuente: Diario La Hora

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