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Galápagos sigue siendo el principal atractivo turístico del Ecuador, sin embargo, el flujo turístico de los últimos años ha determinado tomar acciones que faciliten la conservación de las especies que habitan en el archipiélago.

Según la ministra de Turismo, Rosi Prado de Holguín, Galápagos es un tema muy particular dentro de la Cartera de Estado a su mando. Si se tiene una mayor promoción del archipiélago como destino turístico, esto podría resultar contraproducente y desencadenar una sobreexplotación.

“Estamos buscando la estrategia adecuada para que la gente de los cruceros en Galápagos se quede más tiempo en el Ecuador continental. Un cobro diferenciado para ingresar al Parque Nacional Galápagos está en planes y así motivar una noche más de estancia en Quito o Guayaquil”, explica la Secretaria de Estado.

Para ella, el archipiélago no solo le pertenece al Ecuador, sino al mundo entero. Por eso las acciones que se tomen para conservar tendrán relevancia internacional, debido a que es un Patrimonio Natural de la Humanidad declarado así por la Unesco en 1978.

“En marzo de este año, Galápagos recibió en Berlín el premio al primer lugar de sostenibilidad en las Américas. Eso nos compromete a que debemos mejorar lo que ya se ha hecho”, añadió.

275 817 turistas llegaron a las ‘Islas Encantadas’ durante el 2018, según el Observatorio de Turismo de Galápagos, con un incremento del 14% en relación al 2017.

Casi el 70% del total de turistas que arribaron en el 2018 son visitantes extranjeros, aunque también se destaca un incremento del 1,25% en el arribo de turistas nacionales, con respecto al 2017.

Dentro de las cifras que presentó el Observatorio de Turismo de Galápagos, además se destaca 864 negocios regulados dentro de la región insular y 3 962 empleos directos que se relacionan con la actividad turística en la zona.

En conectividad, durante el 2017 llegaron hasta Galápagos 2 858 vuelos que transportaron a 331 903 pasajeros. En 2018, en cambio, el número de vuelos a Galápagos fue de 3 096 y se transportaron 354 630 pasajeros.

Esto representa un crecimiento del 8% en vuelos y de un 7% en pasajeros. El aeropuerto de Baltra tuvo un incremento del 7% en los vuelos y 5% en los pasajeros que recibió, mientras que el aeropuerto de San Cristóbal tuvo un incremento del 12% en vuelos y 12% en pasajeros transportados.

La conectividad marítima entre islas también creció en el 2018, con 15 263 viajes que movilizaron 310 874 pasajeros entre islas pobladas, con un crecimiento del 14% respecto al 2017.

Los cruceros navegables y la pesca vivencial son las modalidades con mayor capacidad de pasajeros. Los cruceros pueden albergar al mismo momento un total de 1 670 personas (1 814 incluyendo cruceros navegables de buceo), seguidos de embarcaciones de pesca vivencial con 478 plazas.

La pesca vivencial posee las embarcaciones más pequeñas de todas las modalidades marítimas, con un máximo de 10 pasajeros por cada embarcación.

Según Carlos Mena, director del Galápagos Science Center adscrito a la Universidad San Francisco de Quito, el turismo atrae inversión y capital humano, pero se debe procurar que el turista que llegue no solo permanezca más tiempo en el archipiélago, sino que debe consumir lo menos posible.

“Los que viajan en barco son los que más se quedan, con un promedio de 6,1 días. Los que menos se quedan son los nacionales, con 4,5 días. Hay que hacer que el primer grupo se quede más tiempo y que consuman más, pero de una manera más controlada”, advierte.

Para él, la seguridad alimentaria en las islas ya colapsó y pone de ejemplo la serie de enfermedades en las islas en los últimos años debido a la mala nutrición, como obesidad, ataques al corazón, diabetes, entre otras.

“A eso hay que sumarle que el agua potable ya no se da abasto para los locales, menos aún para el turismo. La continentalización del archipiélago relacionada con el consumo, solo se la debe combatir con mayor educación”, añade.

Para Mena, la ganadería y la agricultura son claves para la conservación del ecosistema, siempre y cuando sean amigables con el ambiente y climáticamente inteligentes, debido a que las zonas agrícolas son un repositorio de las especies invasoras. “Esos insumos beneficiarán al turismo cuando exista un control”, concluye.

 

FUENTE: EL COMERCIO

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