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Desde este punto situado a 2.200 metros sobre el nivel del mar, frente al cerro ‘Condor Puñuna’ (kichwa: nido o dormitorio de cóndores), se logra observar el “zigzag” del tren que asciende por una erguida pendiente recorriendo un complejo sistema de rieles para luego descender, una de las obras ingenieriles en ferrocarriles de montaña más bellas y asombrosas del mundo.

Este espectáculo que se disfruta desde el mirador ‘Descanso del Diablo’ ubicado en Tolte, comunidad indígena de la parroquia Pistishí, situada a 30 minutos de Alausí, en la provincia de Chimborazo, fue aprovechado por los lugareños para iniciar un emprendimiento turístico asociativo.

La iniciativa, se emprendió en el 2009, con un grupo de nueve mujeres de la comunidad patrocinadas por la Fundación Maquita Cusunchic, pero hoy se involucra a más de 80 familias que habitan allí.

El presidente de la Junta Parroquial de Pistishí, Francisco Moina, cuenta que «en un inicio todos éramos incrédulos, no pensamos que los turistas iban a querer venir hasta acá, luego nos capacitamos, descubrimos en el turismo una oportunidad para progresar y decidimos apoyar este proyecto”.

Más allá de poder también disfrutar del maravilloso y encantador paisaje, entre los servicios que se ofrecen están: el recorrido por un sendero que llega hasta el mirador, los paseos a caballos, las visitas a las granjas y un variado menú típico en el restaurante.

 

 

 

 

 

 

Esta oferta turística también incluye la experiencia de participar en la cotidianidad de los comuneros, en el trabajo de las granjas, además de compartir las leyendas de sus ancestros y sus prácticas culturales.

En este contexto, Ángel Satián, guía nativo, comenta que “antes la parroquia Pistishí era un caserío conocido como Nariz del Diablo, asentada a orillas del rio Chanchán y un deslave ocurrido en el fenómeno del Niño nos obligó a abandonar el asentamiento y trasladarnos a esta colina donde actualmente estamos ubicados”.

También recordó que, luego de la reubicación, el camino (actualmte con gradas y pasamanos) que lleva al mirador era el tramo que usaban para bajar con los productos cosechados en sus tierras hasta la estación del tren para poder trasladarse a la costa o hacer intercambios con otras mercancías de la sierra.

…Y era custodiado por un hombre alto de nariz muy pronunciada, con un elegante frac y sombrero negro, muchos de los trabajadores del tren contaron que alguna vez este hombre les dijo: “¡Deténganse! la montaña no quiere que la atraviese ningún tren”.

«Hemos optado por hacer turismo por la razón que no queremos que nuestra gente emigre a otras ciudades, además de crear fuentes de trabajo para la nueva generación”, puntualizó.

Los comuneros se han dividido en grupos para proporcionar los diferentes servicios comunitarios, mientras uno se ocupa de los paseos a caballo y bicicleta por la comunidad, otro se turna para atender la cafetería y otro se encarga de los recorridos por la ruta del mirador y las granjas.

Para Rosa Sauce, una de las fundadoras de la iniciativa, su economía cambió con la llegada del turismo: “Aquí la situación era desesperante, solo dependíamos de la agricultura y por falta de agua la producción era baja, ganábamos muy poco”, señaló.

Ahora ella trabaja en el restaurante comunitario donde se sirven platillos como caldo de gallina, conejo y cuy pero con un estilo gourmet a cargo del chef José Moina.  Doña Sauce recibió la capacitación de la fundación Maquita y, según afirma, ahora se ha convertido en una agricultora emprendedora.

Una segunda etapa del proyecto se encuentra en estudio por los comuneros, para aumentar las visitas de los turistas que actualmente fluctúan en alrededor de 700 al mes.

 

Fuente: Andes

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