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Es un evento en el cual confluye una mezcla de religión, gastronomía, cultura y arte popular.

Hasta mañana, el centro histórico de Cuenca, particularmente el Parque Abdón Calderón, se llenará de colores, olores y sabores con la fiesta del Corpus Christi. Es una costumbre religiosa y cultural que tiene como componentes las ceremonias religiosas, la feria de dulces más grande de Ecuador, la quema de castillos y la música que entonan las bandas de pueblo.

La tradición de los dulces, que se hace por siete días consecutivos en lo que se conoce también como el Septenario Eucarístico, se remonta a la época de la Colonia, instaurado en Cuenca desde 1557. Se le atribuye a las monjas de claustro, quienes preparaban de manera artesanal las hostias, las nogadas, las quesadillas, los panes de viento, los alfajores, los huevos de faldiquera, las roscas, los suspiros, los aplanchados y muchos más. Estos manjares se entregaban, a manera de premio, a los fieles que acudían a las iglesias a adorar al Santísimo Sacramento.

Estos dulces se caracterizan por sus diversos sabores, formas y colores. Son vendidos en las islas ubicadas en los portales de las casas patrimoniales alrededor del Parque Calderón, en el marco de la Catedral de la Inmaculada, Calle del Artista y la famosa Plaza de las Flores.

Este año 120 artesanas exponen y venden estos productos, preparados tradicionalmente por las ‘mantenedoras’. Son aquellas personas (hombres y mujeres) que han conservado la tradición de la ciudad.

‘Tentaciones’
En cada puesto de venta hay una infinidad de dulces que ponen indecisos a los consumidores. Estos manjares llevan sus nombres particulares. Están las arepas de maíz, conocidas como pucanahui, palabra kichwa que significa carita rosada. Las rosquillas kuskinga, también palabra kichwa que quiere decir amarilla o dorada, son tal cual cuando salen del horno. Las monjas son dulces hechos con leche, harina de arroz y vainilla; por el color crema que adquieren se lo relacionó con las religiosas.
Luces tradicionales
Al final de cada noche se encienden los castillos y los juegos pirotécnicos elaborados por artesanos locales, acto importante del Corpus. Con esto, los priostes rinden homenaje al Santísimo, señaló Tania Sarmiento, directora de la Fundación Municipal de Turismo de Cuenca.

La quema de los castillos está amenizada por la música de las bandas de pueblo y artistas que se juntan al festejo, aseguró. Esta conmemoración se caracteriza por las procesiones y las ceremonias religiosas que son parte del programa de las actividades. Podrán ser admiradas por centenares de turistas y viajeros que cada año asisten al centro histórico de Cuenca para vivir esta dulce y colorida celebración. (CM)

FUENTE: lahora.com.ec

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